DIME CÓMO RESPIRAS Y TE DIRÉ QUE BLOQUEAS: PULMONES LLENOS, CORAZÓN Y CUERPO CONTENTOS

Los que están familiarizados con la disciplina del yoga no sólo desde la práctica física, “asana”, sino la filosofía de este modo de vida, entenderán lo sensible que uno se pone cuando se ataca (trabaja) el “Anahata Chakra”. Y los que no están familiarizados, no pasa nada, porque el asunto es como la serie “Friends”, no necesitan saber conceptos para entender.
Básicamente, esto se refiere a abrir el corazón. Así, a rajatabla. Y eso sí que todos lo entendemos, como esa joya de serie.

El cuerpo físicamente, tiene el mágico poder de sanar heridas muy profundas a través de lo más básico que tenemos (desde el primer segundo de vida hasta el último) LA RESPIRACIÓN. ¿Para Qué? Para escuchar nuestro corazón.

Este fin de semana, en un Máster que estoy haciendo sobre Desarrollo Personal y Liderazgo, tuve unas cuantas revelaciones intensas a través del método “Vivation”, que, por cierto, jamás había oído en mi vida.
Sin entrar en detalles sobre este método -porque ese es otro tema- básicamente pasé el fin de semana con 40 personas haciendo una técnica de respiración muy específica e increíblemente guiada en la que respiramos durante 4 horas un día y otras 4 otro día. Esto, créanme, que tuvo efectos bestiales en el 100% de los asistentes. Absolutamente nadie salió sin una experiencia surreal encima.

Una de las revelaciones se dio a partir de la llegada de un recuerdo (que les juro que no tenía registrado en ninguno de los volúmenes I, II ni III de los “Traumas de Maricoles”) algo completamente localizado en mi subconsciente.

Estaba un domingo familiar en Cuernavaca, en casa de mi bisabuela rodeada de mi familia, en un entorno súper amoroso en el cual yo sentía odio hacia mi cuerpo y una tremenda soledad. Tengo borrosas las personas y la escena en general, pero la emoción de soledad es tan clara como la clara del huevo. Lo cual me comprueba que muchas veces, lo visual es solo una micro ventana de todo el edificio que conforma nuestro “ser”.

¿Qué pinche heavy no?

Seguramente tendría entre 13 y 16 años, la terrible etapa de búsqueda de identidad dentro de un cuerpo que se está deformando, literalmente. Y encima, con la inmadura mente en desarrollo repleta de mandatos sociales estúpidos que tanto daño hacen. “No te acabes la comida que te sirven en el plato, se ve mal”, “no llenes demasiado el plato, es de mala educación”, “vístete de negro para ocultar-TE”, “las niñas deben comer menos que los niños”, “esto saca celulitis”, “tápate el cuerpo porque eres la única del colegio que ya no tiene cuerpo de niña y ya tienes granos”, ¿o soy la única que ha oído esto? Lo escuchamos tanto y nos lo creemos más, que después lo predicamos como si hubieran sido mensajes integrados en nuestro ADN.

Después de este recuerdo llegaron otros llenos de emociones lindísimas que me fueron llevando del llanto al ataque de risa, hasta sentir una burbuja de amor cubriéndome como un vientre materno. Fue un trip alucinante que -los entendería perfecto si me toman a loca- no se preocupen. Lo bueno es que me reconcilié con algunos restos de heridas de mi pasado que según yo ya tenía superadas.

Hace un rato sudé igual, o más que siempre en una clase de Bikram Yoga. Durante la práctica hay una parte en la que haces varias posturas seguidas que literalmente abren el corazón. Y no hablo desde un lugar romántico (aunque un poco sí) sino desde el punto de vista anatómico. Con estas posturas abres el tórax con todo lo que este amigo carga: piel, músculos, huesos y órganos, o sea: poros, corazón, pulmones, costillas, diafragma y corazón otra vez porque este, además de ser músculo, también es órgano. Así que vale por dos.

Cada vez que te dan unos segundos de descanso entre las posturas, la vibración del corazón se siente como cuando estás a punto de subirte a un juego intenso de un parque de diversiones, echarte del paracaídas, declararle tu amor a alguien o confesarles a tus papás que reprobaste una materia. Y de esa misma manera, tal cual, es como vibraba mi corazón cuando respiré por tanto tiempo el fin de semana pasado permitiendo que llegaran emociones, recuerdos y sensaciones corporales raras -pero bien, bien sabias-.

Con todo esto, lo que quiero transmitir es que, así como mi amiga Ana Alanis (quien trata este tema divinamente y me inspira siempre que la leo) y yo, seguramente muchos han sufrido con nosotras este complicado tema de la aceptación del cuerpo que, aunque a veces no nos guste, nos tocó tener.

A pesar de que en algunas etapas no he sido mi mejor versión físicamente hablando, sé que ese ochenta, sesenta, o treinta por ciento que podía dar era el cien por ciento de ese presente, porque a lo mejor tocaba dividir la energía hacia diferentes lados a la vez, o no me alcanzaba la voluntad, motivación y sustento emocional para exigirme el porcentaje restante para llegar al idealizado cien por ciento antes conseguido. Y todas esas versiones, mejores y peores, son parte de mí y de mi crecimiento.

Habrá que ser más compasivos con nosotros mismos y, sobre todo, no resistirnos a las emociones incómodas, que bastante expertos nos hemos hecho con los años en bloquearlas. Como esa soledad de la mini Maricoles, que aprendí muy bien a bloquear y por eso hasta se me olvidó que algún día existió. Entre más integres esas emociones y mejor les des la bienvenida, más rápido se van.

Me acuerdo perfecto que mi mamá alguna vez me vio frustrada comparando mi cuerpo con el de Britney Spears y me dijo: ¿Por qué no en lugar de enfocarte en querer un cuerpo que no vas a conseguir mejor cambias de modelo a seguir?

Decía nuestro profesor del seminario del fin de semana pasado que la mayoría de las personas respiramos lo mínimo que se requiere para sobrevivir. Así que, te invito a explorar lo capaz que eres de respirar para descubrir lo mucho que te puedes iluminar.

Compartir
Share:
MARICOLES (MARIA MEDINA)
Written by MARICOLES (MARIA MEDINA)
EDITORA // SUBASE: El balance es la base de su estilo de vida. Sus dos pasiones, la música y mover el cuerpo, son sus mejores aliados para inspirar, a quien se deje, a ser su mejor versión.